Dicen que la amistad está por encima de todo
Ellos sabian que la química que desprendían no era de ahora, algo podía suceder y sin embargo durante encuentros a lo largo de algún año jamás sobrepasaron el umbral en el que lo carnal se apoderase de su relación.
Sin pudores y hablando de asuntos de sus vidas salieron esos temillas que ambos habían evitado en otros encuentros por no asomarse al filo de la escalera. Entonces, el calor llegó hasta sus gargantas haciendo que ella decidiera beber de su boca hasta saciarse de él pero justo en ese instante la inoportunidad de las miradas y compañías hicieron que retomase la cordura. Cordura que él agradeció pues le hablaba de un proceso largo de desintoxicación en el que ella también podía colaborar para no hacerle caer de nuevo.
Como si de una droga se tratara, su deber era el de ayudarle aún en contra de su insaciable sed de carnal pasión.
Pudieron ser duros esos momentos en los que ella veía como ese manantial se alejaba pero entendió que era más importante atenderle a él, escucharle y apoyarle en aquello que le contaba al oído.
Tras un ligero café, la cortesía del caballero hizo que la acompañase hasta su coche y allí buscando esa mirada complice ella pretendía beber de su fuente olvidando aquello de lo que con tanta sinceridad su amigo le había estado hablando, sus frustadas pretensiones hicieron que se despidieran sin un adiós y con un ardiente deseo de volver a verse para hablarse de nuevo de esos momentos de la vida, respetando por encima de todo candor y necesidad terrenal su novel amistad
Dicen que la amistad está por encima de todo.
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