Toreros de discoteca
Ha sabiendas de que no lo haces bien, cuanto hipócrita tenemos a nuestras espaldas, aplaudiendo una paupérrima intervención y para notar como te rajan hasta abrirte en canal y sentir como te extraen la visceras y entierran tu estómago en lo más profundo de un hoyo cavado cerca de una encina, para dar consuelo a todo aquel bicho carroñero, comparsero y simplón.
El escuchar enriquece y mi boca se cierra para que se abra mi mente. Estoy asqueada de tanto imitador de la bondad y de tanto estúpido chupando el hueso que creen les dará la gloriacuando palpen su tuétano. Para gloria la que se tiene ganada mi madre amortiguando cada situación que acontece en mi vida.
Estoy callada y no por eso dejo de pensar, ahora lo hago con cautela pues no quiero que me lancen a la plaza con un utrero toreado y con hormiguillo. Ya no me juego la vida así, sé cuando están toreados y estoy en el sorteo, incluso por superstición guardo los papelillos de fumar hasta mi próxima corrida y jamás pongo la montera en la cama.
Cuanto valiente hay suelto en las barras de los pubs, yo los llamo "toreros de discoteca", ahí si te dicen todo lo que se han arrimado y las banderillas que le han ahorrado a su subalterno, pero a la hora de la verdad, jamás se vistieron por lo pies.
Aún espero en "Los Timbales" poder comerme ese rabo de toro que cortaste en la discoteca, si es que no estás en casa de la Maestra Nati rehaciendote un vestido de un picador que decidió dejar de ser valiente.



